Argentina tomó una decisión ambiciosa al colocar a Faustino Oro en el primer tablero por delante de cuatro grandes maestros más experimentados. La Olimpiada permite evaluar ahora el resultado real de esa apuesta, sin utilizar el invicto provisional que desapareció en la penúltima ronda.

Oro terminó con 7 puntos en once partidas: cuatro victorias, seis tablas y una derrota. Su rendimiento fue de 2598 frente a un Elo inicial de 2537, con una ganancia de 12,1 puntos.

El balance individual es positivo. La conclusión sobre el equipo requiere más cautela.

Una derrota que no invalida el torneo

Oro permaneció invicto durante nueve rondas. En ese recorrido hizo tablas con Haik Martirosyan, Jorge Cori, Shakhriyar Mamedyarov y Tin Jingyao, entre otros rivales.

La derrota llegó con negras ante Yağız Kaan Erdoğmuş en la décima ronda. Fue su única caída. Oro respondió al día siguiente derrotando a Tomi Nyback y ayudó a Argentina a cerrar la competición con un triunfo por 3-1 frente a Finlandia.

La secuencia evita dos simplificaciones. Oro no terminó invicto, pero tampoco se descompuso después de perder. Su respuesta en la última ronda completó una actuación por encima de su valoración inicial.

El beneficio para el resto no fue evidente

Situar a Oro en el primer tablero permitía que Diego Flores, Sandro Mareco, Fernando Peralta y Federico Pérez Ponsa enfrentaran, en principio, una oposición menos exigente. Esa ventaja teórica no produjo un rendimiento homogéneo.

Diego Flores terminó con 3 de 8 y un rendimiento de 2392. Mareco consiguió 6 de 9 y rindió a 2526. Peralta sumó 5,5 de 8 con 2501, mientras Pérez Ponsa logró 5,5 de 8 y un rendimiento de 2522.

Argentina acabó 23.ª con 15 puntos, después de comenzar como vigesimocuarta favorita. El resultado colectivo estuvo prácticamente alineado con su puesto de salida.

¿Acertó Argentina?

La decisión funcionó para Oro. El jugador asumió el tablero más difícil, disputó las once rondas y ganó Elo. No hay evidencia de que la responsabilidad lo perjudicara.

Eso no demuestra que la alineación fuera óptima. Para afirmarlo habría que conocer cómo habría rendido cada jugador con otro orden, un contrafactual que el torneo no puede resolver.

La respuesta más precisa es que Argentina acertó al considerar a Oro preparado para el primer tablero. El equipo, sin embargo, no obtuvo una mejora extraordinaria por desplazar a sus compañeros hacia puestos inferiores.

La apuesta tuvo valor deportivo y formativo. Expuso a Oro a una oposición constante de nivel internacional y confirmó que puede sostener el primer tablero de una selección competitiva. La clasificación argentina, un puesto por encima de su ranking inicial, fue correcta, aunque no excepcional.

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