Uzbekistán necesitaba terminar ante su público una historia que había comenzado cuatro años antes. El equipo que sorprendió al mundo en Chennai 2022 volvió a proclamarse campeón olímpico, esta vez en Samarcanda y con toda la presión de jugar como anfitrión.
La victoria por 2,5-1,5 ante Ucrania aseguró el título sin depender de otros resultados. Uzbekistán terminó con 20 puntos de encuentro, producto de diez victorias y una derrota, y aventajó en dos puntos a India y Alemania.
El desenlace tuvo un protagonista menos visible que los dos Nodirbek. Mukhiddin Madaminov ganó la única partida decisiva del encuentro final. Abdusattorov, Sindarov y Yakubboev hicieron tablas, suficientes para que el equipo levantara el trofeo.
Un tropiezo que no alteró el rumbo
Alemania había demostrado en la octava ronda que Uzbekistán no era invulnerable. La derrota por 2,5-1,5 rompió la marcha perfecta del anfitrión y devolvió incertidumbre al torneo.
La respuesta explica buena parte del título. Uzbekistán venció después a Estados Unidos, arrolló 3,5-0,5 a Armenia y superó a Ucrania en la última jornada. Sumó seis puntos de encuentro cuando ya no quedaba margen para otra caída.
No fue una campaña construida únicamente desde el primer tablero. Nodirbek Abdusattorov firmó 8,5 puntos en once partidas y un rendimiento de 2869, que le dio el oro individual. Javokhir Sindarov aportó 7 de 10; Nodirbek Yakubboev, 7,5 de 10; y Madaminov permaneció invicto con 5,5 de 7.
La confirmación de una generación
El título de 2022 podía interpretarse entonces como la irrupción extraordinaria de un grupo muy joven. El de Samarcanda modifica esa lectura. Cuatro integrantes de aquel equipo repitieron el éxito y lo hicieron después de convivir durante todo el torneo con la expectativa de ganar.
Uzbekistán no necesitó una actuación individual perfecta. Sindarov perdió ante Wesley So, Yakubboev sufrió una derrota y la alineación completa cayó frente a Alemania. La diferencia estuvo en la capacidad para responder inmediatamente y en la cantidad de jugadores capaces de decidir un encuentro.
Madaminov representa bien esa profundidad. Partió como reserva, disputó siete partidas y terminó resolviendo la última. Su victoria ante Ihor Samunenkov convirtió una jornada potencialmente angustiosa en una celebración directa.
India y Alemania completan el podio
India llegó a la ronda final a un punto del líder, pero su empate 2-2 con Hungría la dejó con 18. Arjun Erigaisi venció a Peter Leko, mientras Gleb Dudin derrotó a Gukesh y equilibró el encuentro.
Alemania alcanzó también los 18 puntos y obtuvo el bronce después de superar 2,5-1,5 a Países Bajos. La victoria decisiva fue de Matthias Bluebaum sobre Jorden van Foreest.
El segundo equipo también dejó huella
El crecimiento uzbeko no terminó en la selección campeona. Uzbekistán 2 finalizó en el puesto 18, con 15 puntos, después de comenzar como trigésima cabeza de serie.
Su presencia fue posible porque el reglamento concede a la federación organizadora el derecho a inscribir un segundo equipo. En una edición celebrada en otro país, este grupo no habría tenido plaza como selección nacional independiente.
Dirigido por Pavel Eljanov, el equipo reunió a Jakhongir Vakhidov, Abdimalik Abdisalimov, Mukhammadzokhid Suyarov, Ortik Nigmatov y Khumoyun Begmuratov. Abdisalimov sumó 6 de 10 y rindió a 2641; Suyarov consiguió 6,5 de 11.
Su gran resultado fue el 3,5-0,5 sobre Países Bajos, sexta favorita inicial. Terminar entre los veinte primeros frente a las selecciones principales del resto del mundo amplía el significado del oro: Uzbekistán no dispone únicamente de cinco jugadores capaces de ganar una Olimpiada, sino de una reserva competitiva mucho más profunda.
